La geografía sonora de la igualdad o cómo conquistar el territorio de la justicia en dos actos

  • Miguel Ángel Benjumea reactiva la ópera de Gertrude Stein The Mother of Us All y nos acerca ilustres voces del pasado para recordar en estos confusos días la necesaria causa feminista. La originalidad de usar el género operístico como medio reivindicativo pone en evidencia la categoría cultural e intelectual del movimiento.

La importancia de no olvidar la historia para no volver a repetirla suena como un mantra, llegando a ser un tópico cuyo contenido cae en saco roto, como es el caso de toda frase hecha. Sin embargo, realizar una revisión de los feminismos se plantea en estos tiempos como una necesidad urgente para cuestionar, precisamente, la actitud que desde el presente se tiene hacia éstos. Más de cuarenta años de democracia dentro del territorio español y el concepto de igualdad sigue generando dudas y controversia, por eso, proyectos que nos recuerden y aclaren los trasfondos feministas se tornan más necesarios que nunca, como es el caso de The Mother of Us All del artista Miguel Ángel Benjumea, un trabajo seleccionado en las Becas Iniciarte y que podrá visitarse hasta el próximo 13 de abril en la Sala Santa Inés (Sevilla).

Fotografía ©Arturo Comas

The Mother of Us All es la última ópera escrita por Gertrude Stein cuya música fue compuesta por Virgil Thomson en 1946 y su trascendencia fue tal que llegó a ser considerada por el crítico del New Yorker, Andrew Porter, como la mejor de todas las óperas americanas.[1]  Stein, una escritora, intelectual y coleccionista de arte nacida en 1874 rescata en el libretto de la ópera la figura de Susan Brownell Anthony, mujer cuya vida transcurre en el siglo XIX luchando activamente por los derechos civiles y de las mujeres, incluido el derecho al voto en los Estados Unidos. Esta tendencia pro-sufragista es compartida por ambas, sin embargo Susan nunca llegó a ejercer el voto de manera legal aunque sí de manera simbólica en 1872, por lo que fue detenida. A pesar de ser una de las figuras históricas más involucradas en el sufragio femenino, jamás pudo ver el resultado final de sus esfuerzos. Evidentemente, el feminismo no se hallaba en este contexto exento de otras cuestiones -al igual que hoy-, como son las consecuencias del racismo; en el caso de una mujer de etnia afroamericana se le exigía anteponer la problemática de la discriminación racial a la discriminación de género. El problema se incrementaba doblemente.

La obra de Gertrude Stein llega hasta Benjumea como una consecuencia natural de su línea de trabajo: la geografía ha desembocado en una música a favor de valiosas ideas, un argumento sutil e inteligentemente hilado a través de la bandera situada en el acceso de la sala cuya inscripción versa “OPERA IS NOT AN OPERA, IS NOT AN OPERA, IS NOT AN OPERA”;  y es que tanto el territorio como el feminismo son susceptibles a la conquista. Las connotaciones de la bandera son relativas a la imposición, todas albergan emblemas, inscripciones y simbologías pero una bandera en color negro contiene un matiz atemporal: desconocemos cuándo llegará el fin de la lucha, pero aun cuando ésta comenzó perdida, la insistencia, el inconformismo y el valor las mujeres -representado en las imágenes que dialogan con la bandera- la siguen venciendo días tras día.

Fotografía ©Arturo Comas

La sala nos recibe con un conjunto de vídeos donde aparece la imagen de Lucía Pernía, soprano que pone voz al personaje de Susan B. Anthony y que en el primer vídeo nos advierte: I’m Gertrude. I’m Susan. No se trata pues de una mera versión, sino de un acto meta-interpretativo donde la artista se identifica con estos personajes, haciendo suyas sus intenciones. El paisaje donde realiza las acciones vuelve a conectar la idea del territorio con la igualdad; un entorno árido donde las simientes de su prédica difícilmente brotarán, pero la actitud decisiva ante la defensa de su propio discurso hace que su voz nos alcance a través del tiempo.

La voz es asociada por Benjumea al gesto, es decir, a las posibilidades expresivas de ésta en función del “tono, la inflexión, la velocidad, el ritmo” según el propio artista, por lo que vincular su uso con la gestualidad del neoexpresionismo abstracto americano no suena descabellado: la gestualidad pictórica alberga un sentido enérgico y desafiante, y es en estos términos como debe entenderse la gestualidad sonora de la voz de Pernía.

La analogía entre la estructura de andamiaje sobre la que se sustenta parte de la exposición y la construcción feminista podemos intuir que no es casual si tenemos en cuenta que Benjumea se remonta a unas bases del feminismo sustentadas por las hazañas de las mencionadas precursoras del movimiento. Además, la estrategia expositiva invita al visitante a indagar en el propio espacio en busca de respuestas en torno a lo que le rodea, ya que de un modo mucho menos visible aguardan fotografías, dibujos e incluso el propio libro de la ópera. El conjunto de imágenes muestra expresiones corporales en sus aspectos más combativos: la imagen del grito y puños en alza. Las fotografías muestran la zona inferior de rostros femeninos -en unos casos el de la propia Lucía Pernía y en otros, rostros completamente anónimos- en actitud de protesta, utilizando el recurso de la imagen fragmentada para conducir al espectador hacia una actitud de empatía. Algunas de éstas imágenes nos reciben en el suelo entre bases de andamios, un clamor silenciado que pasa inadvertido.

La serie de ocho dibujos resulta verdaderamente destacable por la sutileza con la que paradójicamente expresa el ímpetu de la lucha. Cada pieza contiene dos imágenes superpuestas de manos que dialogan entre sí bajo discursos alusivos a la libertad, la paz, la fuerza y el compromiso. A pesar de que el feminismo es uno de los movimientos reivindicativos más relevantes que ha existido -y existe-, se caracteriza por un extremo pacifismo, sin embargo esta circunstancia no es sinónimo de falta de fuerza, coraje y decisión sino de la ausencia de miedo. Estos gestos en los que nos sumerge Benjumea albergan un lenguaje universal, no hay límites físicos ni lingüísticos que puedan frenar la necesidad de un cambio.

En medio de una producción gráfica donde prevalece el blanco y negro, se atisban toques de color que proceden del fondo de la sala y que mucho se asemejan al entorno pajizo que aparece en los vídeos. Pero existe una conexión más allá del color: se trata de fragmentos de mantas térmicas cuya razón de ser se abre en dos direcciones: este material alude, por un lado, a la supervivencia en terrenos hostiles -la analogía es clara-, mientras que la textura que adopta el material en su confrontación con el cristal recuerda a una morfología cartográfica, elementos frecuentes en el trabajo del autor. La interactuación entre los elementos objetuales y la intangibilidad propia del arte de concepto hacen que el catálogo sea concebido por el artista como parte indispensable del proyecto, más que por su condición de catálogo, por su condición soporte y estimulador de ideas.

Definitivamente la rotundidad del proyecto es el resultado de la implicación del trabajo en una misma dirección tanto de Benjumea como de Pernía, quienes con los códigos de la contemporaneidad nos traen un eco bellamente calibrado de históricas voces que reclaman su lugar en el ámbito político, económico, social y sexual. The Mother of Us All es un proyecto cargado de verdad donde no se trata una perspectiva masculina del feminismo, sino la posición de un hombre dentro del feminismo y en un mundo que precisa de hombres involucrados en él, Miguel Ángel Benjumea lo hace con una gran coherencia.

Esto no es una ópera.

Esto no es igualdad.

Pero lo será.

María Arregui Montero

[1] https://www.newyorker.com/culture/culture-desk/virgil-thomson-and-gertrude-steins-the-mother-of-us-all-is-avant-garde-opera-for-the-people