“Tierras Continuas”, un proyecto de María García Ibáñez

Texto para AJG Contemporary Art Gallery

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Detalle Tierras Continuas, 2014. María García-Ibáñez

“A la naturaleza no se la puede imitar o «transcribir» sin primero despedazarla y luego recomponerla.”

E. H. Gombrich

El paisaje es concebido como una suerte de mapas que se desarrollan en la mente y que se hallan configurados en función de la experiencia, constituyéndose como cauce de nuestras ideas, desembocadura de nuestros deseos, cima de nuestros errores, el derrumbe de nuestros cimientos. En esta muestra presentada por AJG Gallery, la artista María García Ibáñez nos descubre un trabajo elaborado en base a la idea de la tierra primigenia Pangea, cuyo paulatino proceso de fragmentación revela la evolución permanente y la irrefrenable metamorfosis de estas Tierras Continuas. Partiendo de la concepción morfológica de los elementos del paisaje natural elaborada desde la percepción humana, García Ibáñez desarrolla una serie de analogías entre la geología física y la personal, quedando cada metáfora poéticamente materializada en cada una de sus piezas.

El proceso evolutivo del ser humano ha ido desarrollándose paralelamente al hecho de su emancipación de la naturaleza como especie, sin embargo nunca ha cesado en su pretensión de captarla y hacerla suya valiéndose del estímulo creativo. En este afán de representación del entorno natural, la bidimensionalidad de la imagen tradicional hace que la plasmación sensorial de la experiencia deba configurarse en el arte bajo otras normas que difieren del criterio de semejanza; el artista no puede imitar, ya que las sensaciones no son visibles ni palpables –y por tanto son difícilmente reproducibles–, de modo que María García Ibáñez opta por guiar al espectador a través de estrategias que se desarrollan dentro del campo de las sugerencias y las relaciones personales entre objeto y las ideas que éste evoca. Estos objetos, de minuciosa elaboración, resultan familiares y fácilmente asociables para el espectador con respecto a algún elemento de la naturaleza, convirtiéndose –a pesar de su artificialidad– en nexos que entablan una comunicación, ya casi olvidada, del sujeto con lo único certero de su existencia: su procedencia original de la naturaleza y su ineludible dependencia de ésta.

En esta muestra, Tierras Continuas, piezas como stone reflejan esa verdad relativa sobre su naturaleza inerte. Lo que su apariencia externa nos muestra se convierte en una ilusión, una ficción de la que somos conscientes al observar su interior, por ejemplo, tras un impacto. Su forma muta, reacciona ante el estímulo externo y sus elementos internos nos desvelan otra faceta de su propia esencia. El espectador, por tanto, la juzga en tanto que conoce algunos de sus aspectos, sin ser conscientes de que ignora tantos otros. Algunas de estas geologías que conforma la artista existen sólo en volumen, mientras que otras existen en tanto que lo fueron, dejando ahora sólo el espacio de su pretérita existencia, como es el caso de los mapas, que se erigen como una tautología del propio fragmento. Estas Tierras Continuas –como su nombre indica– se proyectan más allá de los límites del objeto prolongándose en un juego de sombras, concluyendo más allá de sí mismas, como un eco.

María García Ibáñez elabora cada objeto dotándolo de un sentido dual, por lo que adquiere un notable protagonismo el juego de la ambivalencia de los significados, las dobles lecturas de todo cuanto acontece, el blanco y el negro, la forma y el espacio, lo que sobra y lo que excede, aquello que tiene lugar entre lo que se posee y lo que se anhela. En definitiva, toda una narrativa que emerge a partir de la idea del dibujo como concepto y las posibilidades que éste otorga a la creación, y por el cual García Ibáñez concibe esas líneas que van abriendo paso a recorridos orgánicos constituyendo otras vías de reflexión: ese sentido biológico y ramificado nos hace tomar consciencia de nuestro propio recorrido vital, sobre la variedad de las opciones, de la problemática que reside entre lo dubitativo y lo decisivo. Y es precisamente esto último, las oportunidad de decidir, aquello que nos abre la posibilidad de errar.

María Arregui

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