Shen Chao Liang, STAGE. AJG GALLERY

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Toda manifestación artística supone una plasmación de la relación del artista con el mundo que le rodea, es decir, con su contexto. La fotografía no es por sí misma un arte, no obstante, sí es un medio por el que es posible materializar obras de arte, y como tal, alberga la capacidad de enaltecer nuestra sensibilidad y de poner en juego nuestras emociones.

Durante estos días en Sevilla se podrá ver una muestra de la fotografía contemporánea taiwanesa de la mano de artista Shen Chao-Liang.  La galería AJG muestra una parte de su serie STAGE, un proyecto iniciado en el año 2005 cuyo tema gira en torno al tradicional uso de cabarets que viene siendo frecuente en el país desde los años setenta, y que son contratados para amenizar, sobre todo, celebraciones como bautizos, comuniones o fiestas de barrio. Para Shen Chao-Liang, la importancia no reside en el cabaret como tal, sino en la evolución que éste ha experimentado hasta nuestros días. Entendidos como negocios familiares, estos escenarios ambulantes juegan un papel fundamental en la manera de comprender y vivir el ocio, ofreciendo espectáculos similares a concursos televisivos y todo tipo de actuaciones. Sin embargo, al mismo tiempo que es constancia de esta costumbre en la sociedad taiwanesa –finalmente convertida en tradición–, también es testigo de la transformación que ha venido experimentando ésta misma sociedad en los últimos años: estos negocios, heredados de padres a hijos ya no son recibidos con gusto por sus sucesores, sino que ahora los jóvenes asisten a la universidad con aspiración de llevar una mejor vida y de elegir ellos mismos su propio oficio, lo que irremediablemente conlleva a un progresivo abandono del cabaret.

Esta serie de fotografías muestra una realidad tan objetiva como sugerente, ofreciendo al espectador la oportunidad de plantear la exposición desde dos perspectivas: una parte objetiva, conformada por el mismo escenario y todos los elementos que componen la imagen, así como las luces y el juego de colores, que  terminan de constituir la parte técnica ofreciendo una interesante y llamativa eclosión lumínica, que quizás menos entendible –o con la que nos encontramos menos familiarizados– en occidente, y que conforma un rasgo de identidad del mundo taiwanés –y en general, del mundo asiático–. El entendimiento de esta “imagen objetiva” requiere de la necesaria búsqueda de su trasfondo; tras lo que vemos, existe un significado que no advertimos pero sí intuimos, y este es el momento en que entra en juego la idea sugerida, el concepto.

La fotografía no habla solamente del objeto –puesto que éste se encarga de hablar por sí mismo– sino también de la importancia del objeto en tanto que ayuda a construir la historia que pretende narrar el autor y le da sentido a la obra. Al situarnos frente a las imágenes, pronto nos percatamos de que la mayoría de los escenarios se hallan en lugares bastante descontextualizados, conformando el mismo cabaret el propio contexto. Los escenarios son retratados como testimonio de una cultura y su tiempo, idea que nos traslada irremediablemente a algunas de las fotografías parisinas que Eugéne Atget realizó durante el pasado siglo. Sabemos que a largo plazo el lugar representado en la imagen sufrirá notables modificaciones, e incluso su desaparición, pero la fotografía también nos hace conscientes de que el momento captado muere instantáneamente para ser sucedido por otro distinto, hecho que nos une a la imagen con un sentimiento casi nostálgico, y –rememorando palabras de Walter Benjamin– nos hace ver “una belleza nueva en lo que desaparece”.

Shen Chao-Liang retrata el objeto con un sentido paradójico: los escenarios se encuentran inquietantemente vacíos, casi como si se encontrasen abandonados, pero que sin embargo continúan funcionando. Éste es sólo uno de los varios elementos que consiguen crear en el espectador una sensación de incertidumbre: suponemos que no tardará en aparecer alguien aunque tampoco lo sabemos, del mismo modo que desconocemos si nos encontramos ante los momentos previos al comienzo del espectáculo, o por el contrario, ante el final. Este hecho bien podría tratarse de una metáfora, la del fin de una tradición: el autor nos muestra lo que ahora es pero que sin embargo pronto dejará de ser.

En el caso de Shen Chao-Liang, entender la fotografía no sólo como una imagen superficial, sino como un modo de lenguaje portador de un significado, ayuda a descifrar el hecho de que el autor no busca la belleza, sino la realidad de un fenómeno.

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